Cassette 6: Lado A.

Solía pensar que cualquier tarea acompañada de una sonrisa era más fácil de hacer. “¿Para qué hacer las cosas si las vas a hacer con mala cara?”, me decía mi mamá. Agradezco cada día sus palabras, aunque a veces me generan frustración porque no todo el mundo piensa igual y hasta a veces creo que la sonrisa les debe pesar mucho.

Conozco personas que nunca tendrán arrugas ni líneas pronunciadas de expresión porque su rostro siempre está igual de serio. Son casi sombríos y te hacen sentir la necesidad de pedirles disculpas hasta por respirar cerca de su entorno, pero no necesariamente significa que ellos no sean felices, ¿cierto? Si lo dudas, pues, bienvenido a tu publicación.

Sonreír es fácil, o al menos lo era para mi. Siempre creí que una sonrisa hacía todo más llevadero, incluso llevar un mal día acuestas. Para muchos era siempre una sorpresa verme sonreír, sobre todo cuando me trataban mal o decían deliberadamente cualquier cosa para herirme. Confundían la sonrisa con felicidad y lastimosamente, yo también.

Las expresiones del ser humano son muchas. Algunas salen naturalmente y no las podemos contener, pero a lo largo de la vida muchos desarrollamos mecanismos de defensa contra muchas de ellas, para no herirnos o no herir a otros. Les confieso que uno de mis mecanismos es sonreír.

Los que me conocen se dan cuenta cuando estoy vistiendo mi súper sonrisa ultra falsa. Viene acompañada de comentarios superficiales y ojos sin brillo, como perdidos sin mirar a un punto fijo y sin hacer contacto con otros ojos. Viene también con una actuación ruidosa, exagerada y abarrotada de gestos y cosas que no estoy acostumbrada a hacer, como bailar o mantenerme en movimiento ansiosamente.

Una sonrisa no determina cómo me siento realmente, menos si soy feliz. Los constructos sociales nos llenan de mentiras la vida, sobre todo porque son una mezcla de crianzas y creencias que mutaron y promediaron para crear un pensamiento que busca regir al colectivo. Por mucho tiempo pensé que sonriendo iba a engañar a todos y, aun peor, a mi misma.

Al terminar con mi vida comprendí que la verdadera felicidad y el gozo son un regalo divino que sobrepasa los niveles normales de alegría en el ser humano, es una emoción pero es algo que también puedes poseer. Lo posees en el amor que sientes por otros, en los recuerdos gratos, en las cosas que disfrutas hacer, en la atención que le dedicas a tu familia, en el tiempo para meditar en lo que tienes. No es una obligación sentir gozo, es una bendición, pero lo aprendí a lo último.

Son 13 publicaciones durante 7 días. Cada una tiene su lado bueno. La vida es así, te sorprende una vez y hasta dos más, incluso al final.

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3 thoughts on “Cassette 6: Lado A.”

    1. Me alegra mucho que te haya encantado. Es una parte de mi que no suelo exponer, este blog es un proyecto de exposición continua de mis observaciones e inseguridades en la vida, básicamente.

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