Este es mi cuerpo: ¿Cristianismo y #BodyShaming?

Llegamos a este mundo con solo tres cosas: cuerpo, alma y espíritu. Dos de ellas son etéreas y solo una la podemos ver y sentir: el cuerpo. Como cristiana, toda mi vida la pasé centrada en cuidar mi alma de sentimientos negativos y alinear mi espíritu con el Espíritu Santo de Dios, pero mi cuerpo siempre fue desplazado por la creencia de que el cuerpo es temporal, la carne pecaminosa y corruptible. Entonces, ¿para qué Jesús vino a la tierra en realidad sino a redimirnos?

Las creencias básicas del Cristianismo son:

  • Dios es uno y al mismo tiempo tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
  • Dios creó el mundo y al hombre a su imagen y semejanza, y es quien conserva el universo.
  • Jesucristo fue quien reveló la naturaleza de Dios como Su Padre y Padre de todos y se hizo humano para morir por nosotros y salvarnos del pecado que nos condenaba.
  • Dios está presente desde el origen de los hombres, cuidando de ellos y dando vida eterna a todos los que creen en Jesús como salvador.
  • La Biblia es el libro más importante del cristianismo porque es la Palabra de Dios y relata como el Señor ha estado con el ser humano en todos los eventos del Antiguo y Nuevo Testamento, y anuncia la segunda venida de Cristo por su Pueblo.

Ahora, el pecado es una realidad en la vida del hombre, pero Dios también es real y puede redimir nuestro cuerpo pecaminoso para mostrar Su gloria y poder a través de nosotros. ¿Mi cuerpo puede ser santo? ¡Claro que sí! Entonces, ¿por qué nos enseñaron que cualquier atención hacia nuestro cuerpo está mal?

De acuerdo con un nuevo estudio, las personas que consideran que su cuerpo está “hecho de forma maravillosa” (según las palabras del Salmo 139) tienen muchas más probabilidades de sentirse bien con sus cuerpos.

Sin embargo, los investigadores de la Universidad de Biola encontraron que los creyentes que consideran que el cuerpo es básicamente pecaminoso tienen más probabilidades de avergonzarse de su cuerpo.

¿A qué porcentaje creen que pertenecí mucho tiempo? Ajá, ese mismo. Al avergonzado.

A lo largo de los siglos, algunos cristianos han llegado a creer que el cuerpo está separado del espíritu y, por lo tanto, debe ser censurado a causa del pecado. Esos creyentes, al leer la ilustración de Jesús de cortarse una mano en lugar de ir al infierno (Mateo 5:30), ven al cuerpo como una fuente de contaminación y tentación.

La enseñanza cristiana tradicional, sin embargo, enfatiza lo sagrado del cuerpo: Ve al cuerpo conectado con el espíritu porque somos hechos a la imagen de Dios. “¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños”, así escribe Pablo en 1 Corintios 6:19.

Ver nuestro cuerpo como sagrado incluye una creencia en la aceptación divina del cuerpo. Minimizar los mensajes sobre el ideal del cuerpo de la cultura vanidosa, inspirar la participación en comportamientos que promueven la salud o limitar el compromiso con hábitos poco saludables es vital para tener un equilibrio con los estándares de Dios acerca del cuerpo.

La cultura comercial promueve ideales de belleza casi imposibles, particularmente para las mujeres. Esos sentimientos están vinculados a una serie de resultados negativos, desde trastornos alimentarios graves hasta depresión y baja autoestima.

Entonces, ¿qué se puede hacer para cambiar esta realidad en el pueblo cristiano y cómo se puede mejorar la percepción del cuerpo como estándar social para el resto de la población mundial?

Heather Jacobson, psicóloga clínica e investigadora principal del estudio Biola, ofrece algunos enfoques que los profesionales médicos y los líderes religiosos pueden considerar. Entre ellos:

  • Ser consciente de la realidad de cada quien: Conocer las creencias religiosas del individuo sobre su cuerpo puede ayudar a abordar de forma más efectiva sus problemas emocionales, mentales y físicos. Esto puede incluir poner en contexto pasajes bíblicos que parecen conectar el cuerpo y el pecado en contraste con el Espíritu Santo y la redención.
  • Ser de apoyo a los demás: Desde el púlpito hasta la programación de la iglesia, enfatizar el estímulo, la meditación y la reflexión sobre el valor trascendente del cuerpo puede mejorar significativamente la conducta de la congregación con respecto a cómo se ven desde su interior. Este proceso puede comenzar tan pronto como sea posible desde una edad muy temprana; con niños pequeños en la escuela dominical, por ejemplo.
  • Ser proactivo: Ayude a los miembros de la congregación a ver la conexión del cuerpo divino en actos de adoración tan fundamentales como arrodillarse en oración. El simbolismo puede ser particularmente poderoso para los cristianos durante un servicio, y hacer énfasis en enfocarse en la sangre y el cuerpo de Jesucristo.

Tenemos un largo camino por recorrer para abordar el Body Shaming o la vergüenza del cuerpo, pero, como lo indica la nueva investigación, la fe y el apoyo de los fieles en lugar del juicio, puede acortar el proceso una vez y hasta dos más.

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